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Experiencia con escort Carla

Cuando Carla entró en la habitación del hotel donde la esperaba, de inmediato comprendí que había sido una elección acertada para este tercer reportaje que G&F quería dedicar a una de sus chicas de Madrid. A sus veinticinco años es una mezcla perfecta de juventud y elegancia, belleza y sensualidad.

Al ayudarla a despojarse del chaquetón con que se cubría quedó al descubierto su espléndida figura remarcada por el vestido ceñido a su cintura y amplio alrededor de sus largas piernas. Un ligero perfume me acarició al saludarla y después me envolvió al ayudarla a ponerse cómoda.

La botella de cava que nos esperaba paciente sobre la mesita de la habitación nos sirvió de ayuda para entablar una conversación preliminar de acercamiento y conocimiento mutuo. La ceremonia del descorche suave y servir las copas me sirvió de ayuda para distraer mi mirada que se extasiaba ante su belleza.

Carla parecía tener un gran aplomo que remarcaba con gestos pausados y una mirada tranquilizadora. Sus manos manejaban con parsimonia la copa con la que brindamos por el encuentro y nos llevó a darnos el primer beso, hasta que ella me apartó suavemente y me preguntó por el baño.

Al oírla salir en unos minutos, me giré y de nuevo pude apreciar, emocionado, la esbeltez de su figura. Era bastante alta y sus piernas parecían dos columnas de perfección que elevaban mi mirada extasiada hasta la maravilla de unos pechos que se insinuaban a través de la ligereza de su vestido y remarcaban sus pezones. Al acercase hasta donde yo la esperaba para coger la copa que le ofrecía, me dedicó otra de sus sonrisas embaucadoras mientras yo cogía su bolso de mano y lo dejaba en la mesita de noche.

“Por nosotros” fue el segundo brindis que nos permitió una nueva aproximación y mojar ligeramente los labios que segundos después, se entrelazaron en un tierno beso de complicidad.

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