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Pero las sensaciones son tan sentidas y tan placenteras que pierdes el control de los acontecimientos porque ella te conduce al final del terraplén y claro, sin remedio, te deslizas otra vez por el barranco del placer. Derrame brutal en sus entrañas mientras ella levanta la cabeza y te pide que tires de sus cabellos cual riendas de jaca mora y la obligues a transportarte hasta depositarte en el infierno.
Al final, cuando ambos quedáis exhaustos, ella se tumba sobre tus piernas mientras tú tratas de recuperar el resuello. Te llevas las manos a la frente para que tu cabeza vuelva contigo de nuevo pues piensas que habías perdido su control.
Acaricias sus nalgas generosas, deslizas tus manos sobre su espalda para agradecerle tanto placer como te ha dado, mientras susurras despacio: “ Increíble, Anabel”, lo que ella acoge con una risita preciosa que escapa de sus labios pues entiende el juego de identidades que quieres jugar con ella. Y te responde graciosa, “Sin igual, Miguel”, cuando le habías dicho que te llamas, Pedro.
Los dos estalláis en una carcajada cómplice en este juego de seducción y perversión de identidades que ambos habéis asumido desde el principio. El juego de los novios entregados a la voluptuosidad y el placer sin remedio.
Pero todo tiene un fin y el de vuestra historia lo marca el cronómetro. No el de su reloj, que no ha mirado en ningún momento, sino el que marca el final de los sueños. Y el tuyo termina en cuanto la ducha te despoja del personaje que has disfrutado.
Al final, ella te regala una velita a medio consumir para que te la lleves de recuerdo y te quede como realidad palpable ante la inmaterialidad de tus sueños.
Sweet Surrender
Girls&Fans


