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Y llegas a esa locura sin fin, aunque no sabes si con ella que ha seguido tu devenir loco. Pero, sin duda, por culpa de ella que ha experimentado contigo una venganza sublime jugando a ser la novia perversa que queremos que sea.
Sudados, entrelazados, sin respiración, entregados a la muerte dulce que has rozado, y satisfechos de haber alcanzado altas cotas de placer pocas veces visitadas, la contemplas adormecido y agradecido, mientras ella te limpia con las toallitas perfumadas de placidez que acarician tu sexo y limpian tu alma, agradecida, perdida, revuelta.
El cigarrito posterior que puedes disfrutar con ella, te lleva a la contemplación serena de su belleza mientras compartís vivencias e intimidades. Puedes descubrir en ella a una persona sensata, entretenida, despierta, que sabe lo que quiere y está disfrutando y explotando con soltura la belleza que la naturaleza y su empeño le han procurado y las virtudes personales que ha acrecentado con los años. Una justa equidad entre belleza y sapiencia que despliega con naturalidad y te atrapa sin que te des cuenta.
Habéis jugado al juego de seducción de los novios como ella te ofrecía y tú querías. Pero entonces te das cuenta que ella es una novia perversa – no inocente -, que de la misma manera que se te entrega y te desborda, se repliega y te deja encarado a la prosaica realidad en que las novias perfectas no existen. Sólo funcionan en nuestro subconsciente y las llevamos puestas en nuestra mente como ideal que nos pierde para quererlas plasmar en estas chicas que nos ayudan, a refrescar la memoria, mejorando los recuerdos.
El masaje posterior envuelto en aquel ambiente de placidez, te relaja y te permite reordenar las vivencias locas que ella misma te ha provocado. Aunque, al final, cuando ella empieza a repartir sus caricias entre tu sexo y tus labios, vuelves a recobrar la inquietud y las ganas de perderte de nuevo en sus abrazos. Tratas de estarte quieto, inmóvil, y que ella siga jugando con su mano en tu sexo, besado tus labios, poniendo sus pechos sobre tu vientre.
Pero todo ello te subleva de nuevo y quieres perderte en ella, aunque quieres que todo sea diferente, compartiendo caricias y derroches. La colocas dulcemente con las piernas a los lados de tu cara porque quieres saborear su sexo mientras ella se desliza sobre tu vientre y acaricia tu miembro con sus labios.
Un juego de seducción serena que quiere resultar armonioso, paciente, delicado, pero ya sabes que todo se va a desbocar y va a terminar en tragedia derramada. Por eso, la detienes a veces para que no te lleve tan deprisa hacia esos derroteros, pues esta vez quieres que todo transcurra bajo control para poder saborearlo en detalle aunque al final quieras terminar de nuevo en ella.
Por eso te pone de nuevo una goma y le pides que te cabalgue de espaldas a ti para poder ver su espalda, cogerla por las nalgas y acompasar su movimientos mientras ves como su sexo abraza el tuyo y lo engulle en cada movimiento.


