Página < 0|1|2|3|4 - Volver a G&F


Así nos aplicamos un rato, hasta que de golpe acercó un capuchón de la mesita de noche y me lo dio para que me lo pusiera y penetrase con fuerza entre las piernas. Yo me recosté sobre ella, me apreté contra su culo y, despacio, muy despacio, fui bajando hasta notar la facilidad con que penetraba en ella ya que su sexo estaba muy húmedo y dilatado. Pero ella provocativa una vez más, me sugirió: “después quiero que pruebes mi culito”
En aquella posición que una vez me habían dicho que se llamaba “a la rusa” la poseí embravecido pues ella me animaba, se retorcía, se acariciaba los pechos y retiraba su pelo diciéndome: “muérdeme en el cuello”. Salvaje.
Después de intercalar movimientos lentos y suaves con otros vigorosos, arqueé su cintura para penetrarla mejor y así poder disfrutar de su entrega con comodidad. Dina se mostraba como una gata en celo y me ofrecía su cuerpo esplendoroso para que juntos volviésemos a cabalgar en el caballo de la pasión. Ella me había llevado a una situación de total descontrol y por ello aceptaba mis ataques despiadados con satisfacción.
Pero ella que sabia controlar mejor las riendas de aquello, me detuvo con un “espera” prometedor, y tras untar con saliva su esfínter me ayudó para que se la introdujese entera. Y ella la acogió sin dolor y al momento provocó mis embestidas locas y furibundas mientras estiraba sus cabellos revueltos, hacía que mordiese su cuello, me desparramaba sobre su espalda y sucumbía entre sus nalgas con el calor y la humedad de sus entrañas. Todo con movimientos vigorosos pero lentos, calurosos pero intensos, una entrega sin medida a mil sensaciones placenteras.
En los siguientes momentos, juntos recorrimos el mejor de los caminos en una sucesión de abrazos y apretones que nos llevaron a acabar, yo, derramándome en ella, y ella, arqueando su cuerpo para facilitar mi llegada. Los dos acabamos rotos, entregados, exhaustos. Muertos.
Después de recobrar nuestra integridad, juntos descansamos de nuevo abrazados y agradeciendo la mutua entrega hasta que con parsimonia y entre caricias, procedimos a asearnos y a vestirnos. Un largo beso ante la puerta sellaron nuestra despedida con un “hasta pronto”, prometedor.
Bajé andando por la escalera mientras saboreaba un nuevo cigarrillo, tratando de retener en mi mente su recuerdo. Recordando sus labios, su pelo, sus tatuajes discretos y bien puestos. Pero el frío de la calle me sacó de mi abstracción y me hizo recobrar la sensación de habitualidad cotidiana de la calle.
Sin embargo, ella va a perdurar en mi recuerdo porque Diana es una mujer experta que irradia feminidad salvaje y una sensualidad brutal. Desde el primer momento que estás con ella, todo pasa a segundo plano y sabes que se te va a entregar sin limitaciones, de la misma manera que va a exigir que tú te rindas a ella sin condiciones.
Sweet Surrender
Girls&Fans


