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Ella me chupaba muy fuerte e introducía mi sexo hasta su garganta mientras yo me extasiaba en su puntita. Ella alternaba las chupadas con gemidos incontrolados hasta que los dos nos desbocamos y terminamos yo explotando en su boca y ella retorciéndose entre convulsiones y explotando sobre mi cara en una sucesión inacabada de espasmos mientras me suplicaba que interrumpiese mis estremecedoras caricias.
Complacido pude comprobar cómo su cuerpo se tensaba con profundas convulsiones por lo que empecé a ralentizar y espaciar mis caricias buscando apaciguar la tormenta que yo mismo había provocado. Ella estaba transfigurada, como si hubiese tocado el cielo con sus manos al haber disfrutando de las sensaciones que el clímax le había regalado.
En unos minutos, ambos procedimos a recomponer nuestra apariencia y cuando ella regresó del lavabo, juntos compartimos un cigarrillo pues dijo que no quería uno entero. Estirados en la cama, medio abrazados, revueltas nuestras piernas, la música nos acompañaba y dejaba brotar nuestros pensamientos intercambiando frases sobre nuestras vidas. Así me enteré de su verdadero nombre, Diana, y de sus largas estancias ibicencas, tierra y ambiente que yo conocía bien de otras épocas y ella todavía disfrutaba a temporadas.
Diana, sin querer me quedé con su nombre verdadero, es una chica que siempre ha disfrutado y lo sigue haciendo el mundo de la noche y las fiestas y su actividad como chica de compañía intuyes que es una prolongación de su faceta personal. Da la sensación de que ha exprimido mucho la noche y las fuentes del placer, y ahora a puesto precio a los disfrutes que otras muchas veces, comparte y reparte con esmero. Es un animal sexual que tras perseguir la fama y la vida exponiendo su cuerpo en noches y posados, ahora le saca partido disfrutando del sexo y cobrando por ello.
Al apagar el cigarrillo ya consumido volvimos a acariciarnos y ella volvió a recorrer todo mi cuerpo con su lengua, con sus besos. Hasta que nos acoplamos frente a frente, ella encima de mí, mientras nos basábamos abrazados. Ella me hacía besarla con fuerza y me provocaba para que jugara con su lengua y después morderle los labios con ternura.
Después se desprendió de mí, se tumbó boca abajo y me invitó a que lo hiciera sobre ella. Enseguida recogió mi miembro entre sus piernas entreabiertas mientras yo besaba su cuello, desesperado. Dina es muy sensual y provocativa y ella lo sabe. Por eso te hace que la desees y quieras poseerla. Nada con ella es obvio, todo es sugerido “¿Me poseerás muy fuerte?” me provocaba susurrante y me hacía que la abrazase sobando su pechos.


