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Juntos, descansamos abrazados hasta que retomamos las copas de cava y al dejarlas en la mesita, ella saca del bolso un aceite de masaje, se tumba boca abajo y me dice,
- Ponme con cuidado, que estoy un poco quemada de la otra tarde en la playa.
Yo no es que esté quemado, es que estoy que ardo. Pero, sin abandonar la sonrisa de felicidad que llevo instalada desde que la recogí, procedo a lo que sé que va a ser un espectáculo de sensualidad y deleite de los sentidos.
- Úntame bastante en el culo que lo tengo algo delicado – me susurra.
Al momento, pienso enaltecido.
Al bajar por las piernas voy con mucha parsimonia, con mucho mimo. Pero al volver piernas arriba, ella las entreabre un poco y me sugiere que la acaricie y le unte por entre las piernas, lo que hago con suavidad, con goce, con deleite.
Pero al llegar al final de su entrepierna, ella las separa un poco más y me dice, matadora,
- Cuidado con la crema, no se te resbalen los dedos y me acaricies los labios sin querer.
Joder, joder, ¿sin querer?, aposta.
Masajeándole todo el peluchito, su culito y sus nalgas, para subir después otra vez por su espalda donde me entretengo a placer. Qué espalda. Qué final de espalda. Hasta que se da la vuelta y me dice,
- ¿Te ha quedado algo para mis pechos? – mientras me los muestra provocadores.
Relax, pienso, mientras mi excitación crece por momentos. Me entretengo un buen rato en cada una de aquellas dos maravillas de la naturaleza, pruebas materiales de la sabiduría divina mostrada en la esplendidez de sus obras más sencillas.
Cuando termino de untarle y acariciarle ambos pechos, me dice,
- ¿Quieres que te unte a ti?
- Bueno, no sé – balbuceo, al mirar mi erección provocadora.
Menos mal que ella es resolutiva y enseguida me tumba boca arriba y empieza a ponerme crema en el pecho, en la frente, en la tripita – aunque yo la encogía -, en las piernas, bajando con suavidad hasta los pies y subiendo después con cuidado y recorriendo los muslos sin tocar el punto débil que se mostraba con seriedad aunque manteniendo su estado de total erección. Pero ella, sin inmutarse.


