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Experiencia con escort Dana

 En el ascensor todo ha sido ya muy íntimo y muy goloso, porque me ha cogido de la mano, me ha atraído hacia ella y mientras me apretaba contra su pecho, me ha estampado otro beso de bienvenida. Y encima me engatusa con sus halagos y me miente,

- Me gusta la camisa que llevas, te resalta el moreno.

Al mismo tiempo introduce su pierna entre las mías para dejarme sentir su sexo en el mío y se aprieta contra mi vientre mientras me mira provocadora.

La abrazo un poco más, y me aprieta sus pechos contra mi pecho. De pie, nuestros cuerpos se apretujan con confianza y se dan la bienvenida al juego de pasiones que se anuncia.

Al llegar a la habitación la aparto un poco de mí para verla en su integridad, mientras ella aparta un poco más la blusa y libera sus pechos que mueve ante mis narices como la mejor sambista brasileira, mientras me dedica una sonrisa cautivadora y se desabrocha los shorts,

- Mira, no llevo bragas – me dice cautivadora mientras se levanta la blusita y puedo ver su bigotito vertical negrito que indica el principio o el fin de su bonito tesoro.

Pero no puedo por menos que reprenderla muy serio, no porque se pueda resfriar, que también, sino porque a mí me gusta más tapadita.

- ¿Dónde está el tanga negro que te he pedido? –

- En el bolso – me responde provocadora, dándome el tercer capotazo de la tarde.

Risita comprensiva y total rendición a partir de entonces.

Descorcho la botella de cava, sirvo las dos copas y le acerco la suya. Le damos un par de sorbitos, después de brindar por la tarde, y luego ya todo es una sucesión de momentos encantadores y embaucadores mientras nos desnudarnos mutuamente y nos hacemos un mini-aseo erótico entre besos lascivos y juegos eróticos.

Después, entre besos y caricias, nos ponemos ya más serios y procedemos al ritual de amor y pasión en que ella se me ofrece toda sin reparos. Para morirse en ella, como hago después entre sus piernas, mientras me arrepiento de las tardes que he perdido con otras menos agradecidas y más apresuradas. Saborear sus besos, sentir sus pechos, en definitiva, hacer el amor con ella es una sucesión de sensaciones incontroladas que te llevan a terminar juntos, fundidos en un abrazo de rendición.

 

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